FUENTES DE SABER ANTIGUO I
La Escuela de Atenas
1. Platón 2. Aristóteles
3. Sócrates 4. Jenofonte 5.
Esquines (o Alcibíades)
6. Alcibíades (o Alexandre) 7. Zenón de Elea (?) 8.
Epicuro 9. Federico Gonzaga 10. Averrois
11. Pitágoras 12. F. M. della Rovere
13. Heráclito 14. Diógenes
15. Euclides
16. Zaratustra 17. Ptolemeo 18. Autoretrato
de Rafael 19. Sodoma
20. Arquímedes 21. Protágoras 22.
Parménides 23. Zenón de Elea (?) 24. Anaximandro
La Escuela de Atenes.
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Si miramos de lejos, del siglo XX aC destaca Hermes
Trismegisto, -tri tres, megisto megas, tres veces
grande; quizás la percepción de infinito
más antigua que tenemos- y lleva por nombre Mercurio -para
los griegos- y Toth -para los egipcios. Considerado Padre de la
Sabiduria y de las Ciencias en Grecia, en el culto a Osiris presidía
las ceremonias como sacerdote y fue Maestro en Egipto como legislador,
filósofo y alquimista durante el reinado de Ninus en el
2270 aC.
Etimológicamente hablando,
de Hermes, del gr. hermenéuiein, «hermético» -cerrado-, «hermenéutica»
-arte vinculado a la lectura de los textos sagrados antiguos-
se refieren tanto a lo oscuro como a lo que se comprende
en forma esotérica. Parte de los saberes que acumuló
se transmitieron a través de los Libros Herméticos
que sólo a los elegidos entre los elegidos podían
ser revelados. Tanto Pitágoras y Platón como Aristóteles
y Euclides fueron iniciados en el conocimiento de la Escuela Hermética.
«La
quinta Ciencia es la Geometría, que enseña al
hombre los límites y la medida y la ponderación
de los pesos de todas las Artes humanas.»1
De la Edad Media heredamos el Manuscrito
Cook que sirviera entre otros textos de bálsamo para
alimentar la emergente vitalidad del pensamiento científico
del Renacimiento que acabaría con una etapa de horror y
oscurantismo sin precedentes en la historia del conocimiento.
Los procesos de transmisión del saber se sumergen en innombrables
mitos, en donde «mito» es pensamiento intuitivo,
dotado de cierta lógica peculiar, que produce una «visión»
no arbitraria o sólo personal del acontecer. (...) es una
forma muy concisa y profunda de transmitir experiencia.2
Los grandes maestros del Renacimiento fueron a
su vez instruidos a través de logias que alentaban con
la luz del conocimiento entre los que destacamos aquí la
obra La Escuela de Atenas, 1508.
Raffaelo Sanzio, -por encargo del Papa Julio
II para decorar la Stanza della Segnatura del Vaticano-
con veinticinco años de edad pintó este fresco al mismo tiempo
que Miguel Angel trabajaba intensamente en la Capilla Sixtina.
El esplendor del espacio pictórico representado bajo una
concepción euclídea del universo renacentista transforma
una realidad utópica -en donde coinciden Platón,
Aristóteles y los grandes pensadores de la antigüedad
en un mismo espacio y tiempo- ; una obra cumbre del Renacimiento
por su valor artístico y simbólico.
En el centro, mientras Platón
-con la filosofía de las ideas y modelos teóricos-, señala
el cielo, Aristóteles -considerado el padre de la Ciencia-, con
la filosofía de las formas y la observación de la naturaleza señala
la tierra. Coinciden muchos historiadores del Arte en la correspondencia
facial de Platón con Leonardo, Heráclito con Miguel
Angel, y Euclides con Bramante.
El Renacimiento evoca «perspectiva»
(der. de perspicere, mirar a través). La perspectiva
-concebida en el Quattrocento por maestros como Durero- y en base
a una Geometria floreciente representa uno de los saberes que
en la Edad Media -época oscura en cuanto a creatividad
se refiere- permanecen ocultos y casi perdidos aunque gracias
a ritos masónicos, ceremonias de iniciación y textos
como el Manuscrito Regius3
o el Manuscrito Cook -ambos usados para enriquecer este
texto-, se han transcrito hasta principios del s.XXI.
«Has de saber que hay siete Ciencias Liberales,
y luego sabrás por qué son llamadas de esta manera;
y por qué de estas siete primeras derivan todas las Ciencias
y Artes del Mundo, y especialmente por qué aquella, la
Ciencia de la Geometría, es el origen de todas.»
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Euclides en el siglo III
aC, culmina su opus magna los Elementos. Rafael
lo sitúa a la derecha del fresco, agachado en primer plano,
rodeado de discípulos y con el rostro de Bramante. Está explicando
sobre una pequeña pizarra, mientras traza con compás un símbolo
que Rafael pintaría por alguna razón.
.
Ese ese espacio, organizado por Rafael y medido
según un orden que relaciona todos los estratos del
conocimiento consagra la culminación del pensamiento que ya
se recoge desde Anaxímenes cuando atribuye al universo una
causalidad inmanente, basada en la autoorganización de
lo físico.4
La matemática desarrollada en ese espacio
euclideo durante el Renacimiento es el eje que vertebra el
pensamiento moderno, tanto para las ciencias naturales como
para las Ciencias y las Artes humanas. El espacio matemático
es pensado como espacio vacío y considerado valor absoluto
y el tiempo no se percibe relativo hasta el siglo XIX a partir
del cual se construyen otras realidades, no sólo la pictórica
o artística, sino la realidad de la Naturaleza, pura tautologia,
o en términos teocráticos, la Creación.
Galileo Galilei 5(1564-1642),
expresa esta revolución en la aplicación y desarrollo matemático
respecto al espacio y el tiempo. De su obra Il Saggiatore leemos que
«La filosofía
está escrita en ese grandísimo libro que tenemos abierto ante
los ojos, quiero decir, el universo, pero no se puede entender
si antes no se aprende a entender la lengua, a conocer los
caracteres en los que está escrito. Está escrito en lengua
matemática y sus caracteres son triángulos, círculos y otras
figuras geométricas, sin las cuales es imposible entender
ni una palabra; sin ellos es como girar vanamente en un oscuro
laberinto».
Galileo percibe la matemática como elemento
ineludible en el estudio y comprensión del universo.
Si el cosmos está escrito en caracteres matemáticos,
el científico ha de descubrir sus leyes, captar pautas
más allá de de su sensibilidad, rango o condición.
El poder sobrenatural atribuido a la lógica
de los cálculos algebraicos que la matemática
ha aportado en todas las ... se derrumba cuando en el ámbito
de la mecánica de los cuerpos celestes irrumpen los
primeros indicios de caos, en el sentido en que lo entiende
la ciencia moderna.6
En
el siglo XVIII, «...hay un marcado interés
por el ocultismo, la alquimia y la teología»7
y para Newton espacio y tiempo serán absolutos, fondos permanentes
sobre los que se mueve el engranaje del universo del mismo
modo que en este fresco de Rafael, en virtud del cual las
reglas de la matemática euclidea, aplicadas a la perspectiva,
nos llevan a un mismo marco espacial, a un tiempo común para
todos.
Así pues, quizás contribuya
en algo ver este fresco con perspectiva histórica,
como un pasaje reflexivo renacentista, como un ejercicio de
transmisión de conocimiento, como objeto y base para
el progreso y por todo ello emancipa el conocimiento de la
lógica8 del pensamiento lineal. La siguiente revolución
lógica será la asimilación práctica
de las matemáticas y la computación dentro de
la lógica. De la misma forma que analizamos elementos
antes que sistemas las computadoras explotan ahora
la información inteligentemente, pasando de las bases
de datos a las bases de conocimientos.
(...)
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